miércoles, 19 de junio de 2013

Cap. 4 - Dragones y princesas

Llevaba los mismos zapatos que el día que la conocí, los blancos con el listón azul, jeans y una blusa amarilla. El amarillo simplemente era su color. Siempre que lo usaba sus ojos miel tenían un brillo que avergonzaría a la misma Antares.
"¿Tienes mucho esperando?" Dijo Helena y su voz era un vaso de agua en un día de mayo. 
"No importa, llegaste" dije yo olvidando lo molesto que estaba antes de verla. 
Siempre me molestó la impuntualidad, me parecía una falta de respeto terrible. Soy el tipo de hombre que tiene su reloj adelantado cinco minutos, como si eso en verdad fuera de algún modo hacerme llegar temprano a mis compromisos. ¿Por qué hacemos eso a fin de cuentas? En el fondo sabemos claramente que nuestro reloj esta adelantado, leemos "diez, quince" y pensamos en "diez, diez" y entonces ¿Cual es el punto? 
Tan inútil como los cinco minutos adelantados en mi reloj era el tratar de reclamarle a Helena. Ella nunca fue puntual. A diferencia de mi, Helena ni siquiera cargaba un reloj. Para ver la hora miraba su celular y eso no era seguido. Ella no pensaba en donde debería estar, ni a que horas. Helena no medía sus días en horas. Helena nunca fue de este mundo, y si lo era, no era humana. Los humanos tenían preocupaciones, ella siempre tenía las respuestas mas simples y una sonrisa.
"No tenemos tiempo de cenar, la función empieza en quince minutos" Le dije esperando su respuesta. Según Helena, siempre había tiempo para todo. Pero esta vez no respondió. Me termine lo que quedaba de mi cerveza y me puse de pie. "¿Así de simple? No habrá discusión esta vez?" Le dije en un tono de burla, disimulando de la peor manera mi preocupación al ver que tenía una seriedad que nunca había visto en ella.
"¿Tu me quieres Fernando?" Me dijo mirando mis zapatos como hipnotizada.
"Claro que te quiero, eres mi vida" Le contesté rápido. Como cuando se contesta un saludo por rutina. Y sin siquiera pensarlo, tomé su mano y la apreté.
"Pero estoy hablando en serio. ¿Me quieres mucho? ¿Me amas?" Podía escuchar el miedo en su voz, como si yo tuviera razones para no quererla.
"Te amo Helena. Para siempre." Las palabras salían de mi del modo más natural, más practicado, más conocido. Lo había repetido tantas veces, pero ahora, por un momento el tiempo se detuvo y pensé en la magnitud de lo que estaba diciendo. "Para siempre" es mucho tiempo. Ella no pregunto hasta cuando la amaría, ¿Por qué tendría yo que decir que para siempre? Y ¿Qué sentido tiene amar a alguien para siempre, cuando la vida es finita? Aún así la seguridad en mis palabras me convencía a mi mismo. "Para siempre" repetí después de una pausa y la abracé.
"No quiero ir al teatro" dijo después de un tiempo y se seco los ojos con las muñecas.
"No tenemos que ir. De cualquier modo era tarde" le dije sonriendo "Vamos a cenar"
"No tengo hambre. ¿Podemos solo irnos?"
 dijo ella y sin esperar respuesta empezó a caminar hacia afuera del bar.
Cuando llegamos al carro y abrí su puerta ella me miró y sonrió "Es cansado ser un caballero todos los días, Fernando. Debes tomar vacaciones" su voz recobró su fuerza y en un segundo ella volvía a ser mi Helena de siempre.
"Debe ser cansado ser una princesa todos los días Helena. Debes tomar vacaciones" le contesté en un tono irónico, pero ella no rió. Se quedó pensativa como una niña después de una lección en la escuela.
Soltó una corta carcajada y me miró a los ojos con esas estrellas color miel.
"Yo no soy una princesa, yo soy un dragón" dijo terminantemente. "Soy fuerte y soy libre. Soy un dragón."
Ella era una adivinanza que nunca comprendí. Pero no quise intentarlo esa noche. ¿Quién soy yo para juzgar a un dragón?

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