miércoles, 15 de mayo de 2013

Cap. 2 - El peor de los sabores.

Como cuando dejas un limón partido en la mesa por horas. Así sabían sus besos. Alguna vez fueron el sabor más dulce, más fresco, más esperado. Pero ahora eran amargos.
El café estaba frío y el segundero del reloj parecía un martillo en mi cabeza. "¿Con quien estará la muy puta?" me preguntaba una y otra vez, y cada tanto cambiaba mi pregunta "¿Le habrá pasado algo?" El problema de estar enamorado es ese. Que entre las ganas de matarla y las ganas de besarla el cerebro se contradice y entra uno en una especie de locura temporal.
Termine mi café. Frío como estaba. Así, amargo, como los besos de Helena desde hace dos semanas. Desde que le supe lo del otro. "Hija de veintiún chingadas, has de creer que me haces pendejo" pensaba en voz alta como si diciéndolo me convenciera a mi mismo de odiarla, pero no. Era imposible no quererla, aun con lo que me había hecho. "Le di otra oportunidad, nomas pa' que me chingara de vuelta". 
Nunca creí en segundas oportunidades, sigo sin creer en ellas, pero es que esa mujer me volvía necio. Necio por tenerla, sabiendo que ella nació para ser libre. Yo ya sabia eso, pero con todo y eso la quería para mi. "¿Con quien estará la muy puta?" me pregunte otra vez y empece a hacer una lista de con quien, según yo, andaba ella. Para ser justos, la lista rayaba en lo ridículo, pero estaba celoso. Cuando uno esta celoso ya nada parece imposible.
Iba llegando al veinticinco de la lista cuando escuche las llaves en la puerta. Me levante y fui a encontrarla en la sala, preparando mi discurso "¿Tu crees que soy pendejo para no saber donde estas?" Sonaba bien en mi mente. Me sentía seguro de mi mismo, seguro de no querer volver a verla. "Pero esto se acabo cabrona, te me vas de mi casa inmediatamente" y hasta sonreía de pensar lo merecido que se lo tenía.
Nos miramos fijamente justo en la entrada. Otra vez estaba borracha. No solo eso, pero no podría decir que se metió esta vez. Olía a tabaco, cerveza, sudor, perfume y a traición. Hubiera apostado mi vida a que se había metido con alguien... Otra vez.
Todas las palabras que había estado ensayando se agolparon en mi garganta mientras ella me miraba con su cara pálida y sus ojos a punto de cerrarse. Sonrió con esa sonrisa cínica  Esa que siempre hacía cuando sabía que estaba enojado. Esa de la que me enamore. "Ven" le dije yo y la cargue hasta el cuarto.
"Te amo." dijo ella con un hilo de voz y me beso. Un beso que sabía como cuando partes un limón y lo dejas en la mesa por horas.

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